Ímuris se ve afectado; un tren que trae zozobra a Sonora


Las obras del llamado tren fantasma, el tren de Ímuris, sin Proyecto Ejecutivo, Manifestación de Impacto Ambiental y Cambio de Uso de Suelo, atravesarán el corazón del rancho El Aribabi, hábitat del jaguar, oso negro y ocelote, y por donde pasa el único río limpio de Sonora, el Cocóspera, enclavado en las llamadas Islas del Cielo, en un estado semidesértico donde lo que falta es agua.

“Los pueblos dependen de agua pura, y el tren va a contaminar el río Cocóspera, esto afectará a las personas, al ganado y las actividades económicas, todo va a cambiar si se construyen estas vías”, advirtió Laiken Jordahl, defensor de la conservación en el Centro para la Diversidad Biológica (CDB).

Además, el trazo ferroviario se acerca peligrosamente, a 18 metros de la Presa Comaquito, de la que depende toda la población del municipio de Ímuris, alrededor de 12 mil 300 personas, que siempre vivirán con la zozobra de un posible descarrilamiento del tren cargado con sustancias tóxicas, sobre su única fuente de abastecimiento de agua potable.

Mirna Manteca, coodirectora del Programa Noroeste de México en Wildlands Network (Red de Tierras Silvestres), recordó que Sonora tiene un amplio historial de derrames mineros a cuerpos de agua, “y sabemos exactamente lo que esto puede significar para las actividades productivas y la misma gente”.

Impacto social

Yvonne Siqueiros, joven madre de familia, es una de las cabezas visibles del frente de resistencia al tren de Ímuris, que, alertó, despojará de su patrimonio a por lo menos 35 familias, que con mucho esfuerzo construyeron sus viviendas, que ahora serán demolidas.

“La verdad no sé si darme coraje, llorar, pero simplemente veo lo que le quieren hacer a Ímuris y a mi casa, observo la destrucción, las brechas y me entra un sentimiento muy grande”, señaló.

El proyecto del tren de Ímuris también arrasará con 80 parcelas y canales de riego, de pequeños productores que toda su vida han vivido de la ganadería o de sembrar chiltepín, membrillos y hortalizas, como Armando Arias, propietario desde hace 60 años del Rancho Ballesteros.

“Se me hace una injusticia que destrocen mi ranchito, y que me dejen sin nada para vivir, para seguir viviendo, batallando”, lamentó.

En tanto, Alberto Heredia, dueño del Rancho La Cantina, explicó que el tren de Ímuris pasaría justo en medio de su milpa, lo que acabaría con toda su propiedad, porque las obras requieren de 60 metros de ancho de derecho de vía.

Sólo a unos cuántos rancheros les han ofrecido dinero por sus terrenos, pero en cantidades que los ofenden, con avalúos muy por debajo del valor real de sus predios.

“A mí me ofrecieron un peso con 80 centavos por metro cuadrado, lo que es realmente una burla”, reveló don Alberto.

Mina El Pilar

Aunque la versión oficial, indica que el tren de Ímuris, de siete mil millones de pesos, conectaría el Puerto de Guaymas con una garita de carga en Estados Unidos, lo cierto es que del otro lado de la frontera no hay hasta el momento ningún proyecto a corto plazo que conecte con el trazo, que hoy toparía de frente con el muro construido por Donald Trump.

Lo que la gente comenta es que el tren fronterizo servirá para que Grupo México, responsable de la peor tragedia ambiental de la industria minera en el país, precisamente en el Río Sonora, hace nueve años, pueda sacar sus materiales de un nuevo tajó que abre en el municipio vecino de Santa Cruz, en la mina de cobre El Pilar, sin importar incluso destruir el patrimonio cultural, como las pinturas rupestres que se encuentran en la ruta del proyecto.

“Más que nada por eso nosotros alzamos la voz, por lo que pasó para acá del río Sonora, no queremos que eso nos pase a nosotros, el tren de carga transportará materiales químicos y no estamos exentos de un derrame cerca de la presa que nos abastece de agua al pueblo”, alertó Jorge Vázquez, habitante de Ímuris.

El reporte de la obra del tren de Ímuris indica que se lleva más de 10% de avance físico, en ocho frentes, en perforación de pilas, excavación para zapatas, construcción de columnas y colocación de concreto con cientos de árboles talados, mientras los habitantes del municipio se siguen movilizando para protestar y llamar la atención a nivel nacional e internacional, de lo que consideran es un despojo de su patrimonio y una tragedia ambiental de grandes proporciones en Sonora.