La Viña del Señor
Morena se encamina a celebrar su Congreso Nacional Extraordinario este
domingo tres de mayo para elegir a su nuevo liderazgo nacional y lo hace
en un ambiente marcado por la lucha interna entre grupos –los puros
contra los pragmáticos— y acusaciones de complicidades de miembros de
su cúpula con organizaciones criminales, así como de financiamiento de
dinero sucio a su campañas electorales y con un liderazgo político bicéfalo
con epicentro en Palenque y en Palacio Nacional, lo cual en un país
presidencialista-caudillista se antoja fuera de lugar.
La disputa del poder real en Morena
El partido-movimiento, creado alrededor de la figura de su líder
carismático, depende para seguir existiendo como tal, de una transición
que llene el vacío dejado por la ausencia de la fuerte presencia que dejó
un AMLO jubilado y retirado de la política activa, con dos salidas públicas
que más que beneficiar han perjudicado la presidencia de Claudia
Sheinbaum, al meter duda de quien ejerce el poder real en Morena y a
quien obedecen los miembros del gabinete heredados y los líderes
parlamentarios del partido oficial.
En el viejo PRI, partido del que Morena ha sido una calca en su modos y
prácticas, nunca hubo duda de la facultad metaconstitucional del
presidente de la república como jefe real del partido de Estado, que
encarnaba la figura del “cacique de caciques”, una figura extraída del
léxico del México rural y de que el poder presidente aunque absoluto que
ejercía se limitaba al ciclo sexenal, ni un día más allá y que empezaba a
perder desde el día y la hora en que el presidente en turno elegía –otra
facultad extralegal que tenía— a su sucesor, pues las auscultaciones y
consultas con los sectores y organizaciones del partido –en el PRI— como
las encuestas de ahora en Morena, eran mera simulación.
Un partido descabezado
El partido de Estado hegemónico llega descabezado derivado del enroque
de Luisa María Alcalde, quien mudó de la presidencia partidista a la
consejuría jurídica de la presidencia, en una demostración de que gobierno
y partido son la misma cosa en el segundo piso de la 4T.
La gota que derramó el vaso y precipitó su caída fue su evidente
incapacidad para negociar -presionar, amenazar, cooptar, etc.– con el
PVEM y el PT las reformas electorales empujadas desde palacio nacional.
Muchos dentro del partido guinda debieron extrañar la operatividad de
Adán Augusto López, quien hasta a los Yunes, padre e hijo, metió al
huacal para sacar adelante la reforma judicial obradorista.
En los últimos días ya se le consideraba como “un pato rengo o cojo” (lame
duck, en inglés), en el concepto norteamericano para dar a entender que
era una política con la carrera agotada o próxima a dejar el cargo, al ser
definida como “mujer de poco trabajo y menos resultados”, según le espetó
un miembro del gabinete presidencial al periodista Salvador García Soto,
autor de la columna Serpientes y Escaleras
La salida de Luisa María Alcalde de la presidencia morenaca incluso
implicó aspectos del corazón, como su tóxico noviazgo con el vocero de
los diputados guindas Arturo Avila, un tipo polémico y mediático que llegó
a promover y repartir candidaturas a partir del romance hecho público.
Andrés Manuel López Beltrán, a quien no le gusta que le digan Andy,
segundo de abordo en el partido y otrora hombre fuerte del obradorato
habida cuenta su condición de celoso guardián del legado de su padre
AMLO, el líder máximo y fundador de Morena, acudirá en su mejor
momento, sino vapuleado por los malos números en las elecciones de
Durango y Veracruz, en los pasados procesos electorales en dichas
entidades, en donde fue puesta en duda su capacidad de operador
político.
Desde antes de la renuncia de Luisa María Alcalde, desde palacio nacional
se decidió enviar a la extitular de la Secretaría de la Mujer Citlali
Hernández, a la estructura del partido, en donde habrá de ocupar una
cartera responsable de las alianzas y las candidaturas, una vez que el Plan
B y el Plan C tronaron, al no poder meter en cintura a los partidos satélites
como el PVEM y el PT, quedando en el aire la propuesta elaborada por la
Comisión Presidencial para la reforma electoral encabezada por Pablo
Gómez. Tampoco se pudo empatar la revocación de mandato con el
calendario de las elecciones, cuestión por la cual Claudia Sheinbaum no
podrá estar en las boletas en 2027 a la par de los candidatos morenistas.
Con Citlalli operando las candidaturas se quitó a Andy una función esencial
que como secretario de organización tenía.
Tras sendos fracasos, achacados a falta de operatividad de la dirigencia
saliente, se decidió enviar a presidir el partido oficial a Ariadna Montiel, la
responsable de los programas de bienestar, el semillero de votos de
Morena, por su enfoque clientelar y a punto de secar las finanzas públicas.
Aunque la falta de una oposición política real y eficaz ha dejado el camino
libre a Morena para embestir en la próxima justa comicial, el desgaste de
siete años de gobierno y los señalamientos de corrupción desbordada,
excesos y de nexos de miembros de su cúpula con organizaciones
criminales, empieza a causar estragos, a pesar de todas las reformas
autoritarias orientadas a consolidar su poder autocrático: la eliminación de
los contrapesos, la desaparición de los organismos autónomos, la
cooptación del poder judicial, la colonización del árbitro de las disputas
políticas, como lo eran el tribunal electoral y del Consejo General del INE,
la militarización de la vida nacional, la censura de medios, la polarización
social, etc.
El fin del populismo: señales para México
En países en donde el autoritarismo sentó sus reales con un esquema
parecido al mexicano como Hungría gobernado por el autócrata Viktor
Orbán por 14 años, apoyado por Donald Trump y Vladimir Putín y Bolivia
en donde el Movimiento al Socialismo de Evo Morales, gobernó 22 años, el
vuelco electoral a pesar de tener todo en contra se hizo presente.
Identificado como una democracia no liberal, llegó al poder por la vía
electoral y una vez entronizado y con los hilos del poder en sus manos se
dedicó a desmantelar las instituciones que permitieron su ascenso. En
América Latina esos regímenes con fachada democrática fueron
calificados certeramente como repúblicas bananeras.
En Hungría el partido oficial fue acusado desde sus entrañas de corrupción
y se dividió, muy al estilo del PRI de 1987, con el surgimiento de la
Corriente Democrática, que erosionó al partido de Estado y lo condujo a su
mínima expresión a pesar de su pasado hegemónico y su naturaleza de
partido aplanadora, surgido para institucionalizar la lucha por el poder
entre los caudillos revolucionarios en la visión del Jefe Máximo Plutarco
Elías Calles, tras la muerte de Alvaro Obregón en 1928.
En Bolivia, el desgaste y la división del MAS y sus aliados, abrió cancha al
arribo de la ultraderecha al poder a partir de nuevas generaciones de
votantes bolivianos para los que dicha fuerza política no les significaba lo
mismo que hace más de veinte años y a la que le transfirieron el malestar
de sus gobiernos sin buenos resultados.
El quid fueron los malos números en economía, al dejar una economía
estancada, endeudada, con inflación y desempleo en algunos casos. Eso
en la percepción de las expectativas futuras de los nuevos votantes es
veneno puro y así se reflejó en las urnas, pues para estos la narrativa
épica de las luchas de sus padres o abuelos —fogueados en la protesta,
la lucha armada y la movilización social — “por un mundo mejor” no
representaba gran cosa.
Chile, Argentina y Honduras se inclinaron hacia la derecha ante el
agotamiento de sus gobiernos de izquierda. El caso de Venezuela se
cuece aparte, pues tras la captura de Nicolás Maduro por la fuerza Delta
estadounidense, con Delcy Rodríguez como presidenta interina, se han
mantenido prácticas arraigadas del chavismo.
La Tercera Vía ya no existe
Excluida de la Cumbre de las Américas sobre seguridad hemisférica, la
presidenta Claudia Sheinbaum acudió a la reunión en suelo español de la
Internacional Socialista, en donde se vio las caras con Lula del PT de
Brasil y Pedro Sánchez del PSOE y uno de los detractores más declarados
de Donald Trump.
Las repercusiones de tal decisión no tardan de dejarse sentir en México,
en un mundo global en donde la Tercera Vía, muy socorrida en la década
de los 90s, del siglo pasado y promovida por Tony Blair, ya es historia.
Y si políticamente a los gobiernos del PRI le funcionaba en un mundo
polarizado por la guerra fría que se daba entre los bloques socialista y
capitalista encabezados por la URSS y E.U., identificados como países del
tercer mundo o del bloque de países no alineados, esa estrategia hoy es
impensable, al estar integrado el país en el T-Mec y se perfila rumbo a una
integración mayor de unión aduanera.
Gatopardismo morenista
Si bien es cierto, al parecer hay una regla no escrita, de que los partidos
políticos, se dividen o cohesionan, al momento de decidir sobre la
asignación de sus candidaturas y el reparto de los cargos públicos y
partidistas entre las tribus y facciones internas, Morena bien podría estar
entrando a esa coyuntura crítica, como pasó con el PRI en 1988, 2000 y
2018 o con el PAN en 2006 al definir a su candidato presidencial y con el
PRD al entregar a los Chuchos (Nueva Izquierda) de Jesús Zambrano y
Jesús Ortega, su dirigencia nacional, lo que orilló la salida de AMLO y la
posterior conformación de Morena, con el cascajo perredista, lo que
provocó a la postre que el partido de izquierda más grande de América
Latina hasta el registro perdiera.
En esa reunión dominguera del órgano de máxima decisión de Morena, no
saldrá humo blanco, pues no se debatirán grandes definiciones políticas,
pero si arrojará luz sobre el alcance de los reacomodos internos y la
capacidad de Alfonso Durazo, para sacar adelante la encomienda
presidencial de impulsar una tersa transición en la dirigencia partidista, al
ser el hombre bisagra, que está en buenos términos tanto con Palenque
como con palacio nacional, los dos ejes del poder en Morena, aunque se
diga que con la salida de Luisa María Alcalde se va AMLO del partido, pero
que con la llegada a la dirigencia nacional de Ariadna Montiel, llega
también López Obrador, al ser ambas hechuras del tabasqueño. O sea,
algo de gatopardismo, es detectado en ese cambio cupular, al cambiar
para que todo siga igual… o peor!!



