La democracia bárbara mexicana: entre el macartismo y el diazordacismo

La Viña del Señor
Ni el liberalismo, ni el populismo, son para siempre. Así lo ha demostrado la historia
pasada y reciente. Obviamente, el campo de la democracia, no se agota con el liberalismo.
Si lo anterior se añade que las contradicciones que el modelo de Estado de Bienestar
impulsado por la 4T, en su primer y segundo piso, apoyado en el corporativismo priísta y
sustentado en políticas neoliberales capitalistas, ha entrado en crisis, sin que la élite
dominante proponga salidas alternativas realistas, plantea el problema de legitimación vs.
eficiencia, referido por Claus Offe, uno de los principales teóricos sobre el tema.
País sin vanguardia
En ese entendido de que las victorias y las derrotas de esas corrientes tampoco son
eternas, debe de entenderse de que Morena, a pesar de todo el poder acumulado, una
parte en las urnas, otra con maniobras de cooptación de opositores en el senado y otra
más con una ilegítima sobrerrepresentación de diputados, no es un movimiento y/o
partido de vanguardia.
Si lo fuera, no habrían militarizado la vida nacional; no habría capturado al INE , ni al Trife;
ni hubiera desaparecido los organismos autónomos; menos habría financiado sus
campañas políticas y ganado elecciones con recursos y apoyo de grupos criminales y
dinero público ilegal, como en 2021 y 2024, en una tendencia que ya venía desde la
campaña de AMLO de 2006. Mucho menos intentaría aprobar una reforma electoral
autócrata con sus mayorías espurias, más allá del 60% del voto obtenido en la elección
presidencial y de 54% en la de legisladores a partir de que el 40% no salió a emitir su
sufragio, tal vez ahí radica el miedo del oficialismo a las protestas sociales derivadas de sus
malos números como gobierno frente a la caída en la popularidad y aceptación de
Claudia Sheinbaum que ronda el 41% y de Morena que anda en 30%, y parece mucho.
Si en verdad Morena fuera un partido de vanguardia, parafraseando a José Revueltas, una
de las voces más lúcidas de la izquierda, en su ensayo “México; una democracia bárbara”,
quien a su vez invoca a Lenin, debía ser un partido de la clase obrera, que no lo es cuando
Carlos Slim duplicó su fortuna en 6 años de la 4T y de concentrar el conjunto de las
manifestaciones de protesta e indignación y estar dirigido por verdaderos jefes políticos
de todo el pueblo. Difícil resulta ubicar en esta última exigencia a proceres de la
austeridad republicana, de la pobreza franciscana, del humanismo mexicano y de la
superioridad moral como los impresentables Adán Augusto López Hernández y su
Barredora; Andy, José Ramón y Bobby López Beltrán; Ricardo Monreal y su clica; Mario
Delgado; Gerardo Fernández Noroña, quien tachó de fascista a Grecia Quiroz, la viuda de

Carlos Manzo; Sergio Gutiérrez Luna y Dato Protegido; Rubén Rocha Moya; Américo
Villarreal; Layda Sansores; Rutilio Escandón; Marina del Pilar Ávila; Rocío Nahle; Daniel
Asaf; Cuitláhuac García; Raquel Buenrostro; Marcelo Ebrard; Manuel Bartlett, Ignacio
Ovalle; Félix Salgado Macedonio; Andrés, Pío y Martinazo López Obrador; Rafael Ojeda y
sus sobrinos huachicoleros, etc., etc. Todos por cierto resultan reprobados en civismo.
Ni siquiera el certamen de Miss Universo ha escapado a los tentáculos del morenismo,
que todo lo corrompe. El escándalo se hizo colosal, con tintes globales y puso en duda el
triunfo de la tabasqueña Fátima Bosh.
El comediante Chumel Torres, señaló en entrevista con el periodista Gustavo Macalpin,
que en su labor crítica y humorística que apostó por cuestionar a los políticos mexicanos
por pendejos y corruptos y le atinó. Del actual político, dijo, que tiene las ganas de poder
que tenía el PRI, pero que no puede disfrutarlo como cuando estaba el PRI y que la
diferencia entre la izquierda y la derecha es la mano con que le roban al pueblo.
Los Patriotas de hoy: la conspiración como coartada
En su libro “Los patriotas. De Tlatelolco a la guerra sucia”, Julio Scherer García y Carlos
Monsiváis, refieren al ejercicio del poder del Estado al margen de la ley y de atropellos a
los derechos de los mexicanos, en donde la tortura, homicidios, secuestros,
desapariciones y represión fueron la divisa. Algo que en la 4T es cosa de todos los días y
en donde se culpa a todo mundo –desde la derecha hasta los extraterrestres– de sus
desaciertos y desgobierno.
El asesinato primero del líder limonero Bernardo Bravo y después del alcalde de Uruapan
Carlos Manzo y la represión antes y durante la marcha del 15N, pudieron en evidencia el
rostro real y el macartismo y el diazordacismo del régimen, al no mostrar aprecio por la
seguridad y la vida de un líder y funcionario municipal independiente invisible a los ojos
del poder presidencial y discriminar desde las más altas tribunas públicas la protesta
legítima de uno o varios sectores de la sociedad por la edad, la ideología, filiación política
y sus causas. El no los veo, ni los oigo Salinista se hizo presente.
Y ante esa cerrazón de dialogar y atender las demandas agricultores y transportistas se
fueron a un cierre nacional de carreteras. “Atole que no se menea, se hace bolas”, dijo
uno de los inconformes, mientras la titular de Segob Rosa Icela Rodríguez denunció
motivaciones políticas en los líderes del movimiento y presencia del PRI, el PAN y el PRD.
El abandono del campo, la inseguridad en las carreteras y la violencia, la falta de créditos
accesibles, la carencia de precios de garantías y el proyecto de Ley de Aguas, fueron el
detonante del bloqueo en 29 puntos de 17 estados.

La censura y el uso político de la publicidad gubernamental
En tanto los medios de comunicación no afines a la línea oficial padecen censura y boicot
financiero al dejarlos fuera de la publicidad gubernamental, en un uso político de esta.
“No pago para que me peguen”, solía decir José López Portillo, cuando su antecesor Luis
Echeverría había ejecutado un golpe al periódico Excelsior dirigido por Julio Scherer García
en 1976.
Por lo pronto los canales del Estado 11 y 22 se encuentran penetrados por voceros,
simpatizantes y militantes del oficialistas y comunicadores, periodistas, dueños de medios
y hasta ciudadanos de a pie, sin poder alguno, han padecido los estragos de la censura y
violaciones a su libertad de expresión, cuando no ataques personales, como fueron los
casos del diario El Universal y el columnista Hugo de Mauleón, del comediante Chumel
Torres, del conductor Gómez Leyva, la ciudadana Karla Estrella, la periodista Adela
Navarro directora del semanario Zeta de Tijuana, del periodista José Luis González Valdez
de Campeche, del dueño de TV Azteca, entre otros muchos más.
La trampa como estrategia de Estado
Cuando la violencia proviene del Estado, escribe Sergio Aguayo en su libro “De Tlatelolco a
Ayotzinapa. Las violencias del Estado”, implica fabricar un enemigo. Así lo hicieron
Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría en 1968 y 1971, con la amenaza externa comunista;
Enrique Peña Nieto con los maestros que cuestionaban la reforma educativa en
Nochixtlán y después AMLO y Claudia Sheinbaum con los conservadores, fifís, la derecha y
la ultraderecha, sin faltar la conjura internacional, cuando es sabido que detrás de Morena
operan líderes del partido español Podemos, como Pablo Iglesias y Juan Pablo Monedero,
financiando al partido o como ideólogos, ambos por cierto apegados a Jesús Ramírez
Cuevas, exdirector del periódico, exvocero de López Obrador y actual coordinador de
asesores de Claudia Sheinbaum.
La “emboscada”, como la calificó Jorge Fernández Menéndez, y el desalojo de los
manifestantes del Zócalo el pasado 15 de noviembre, algo no visto en décadas, siguió un
guion previamente establecido, cual la diseñada el 2 de octubre de 1968 en la plaza de las
Tres Culturas.
Hasta la presencia del “siniestro juez” de distrito del 68 Eduardo Ferrer MacGregor, que
persiguió a activistas y disidentes, está latente en el enjuiciamiento de los detenidos en el
Zócalo, en una utilización impropia de la impartición de justicia con fines políticos, más
allá de los límites punitivos y éticos del poder estatal.

En su novela “Ensayo sobre la ceguera”, el fallecido escritor portugués José Saramago,
quien casi al final de su vida rompió con la Revolución Cubana, invita a recuperar la lucidez
y rescatar el afecto mediante una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad. Lo
anterior se torna relevante en estos tiempos sombríos que se viven.
La Generación Z, un peligro para Morena
La Generación Z  de los nacidos entre 1997 y 2012, se ha dicho que es un grupo social que
está entrando a la adultez y empieza a configurar dinámicas de identidad, participación y
pertenencia, diversas a las generaciones anteriores y que se caracteriza por una alta
fluidez digital, por lo que está habituada a actuar en línea y a dar visibilidad a sus
reivindicaciones, incluso políticas, a través de formatos digitales y por ende constituye
todo un desafío.
En 2018 el 53% de los jóvenes de entre 18 y 19 años salieron a votar y en 2021 los que
tenían entre 21 y 22 años lo hicieron en un 41% y para 2024, la población de entre 20 y 29
años de edad representaban el 22% del total de la lista nominal de 99 millones de
electores, es decir la friolera de 22.5 millones eran jóvenes.
La presidenta ha expresado que los jóvenes están con la 4T, cuando la mayor abstención
en las urnas en 2024 fue de los jóvenes, pues en ese año el padrón rondaba los 98
millones de personas, de los cuales 25 millones tenían entre 18 y 29 años y solo la mitad
de ellos acudió a las urnas. En 2012 participó un 56 %, en 2018 un 55 % y en 2024 un 50 %.
Según Alejandro Moreno (El Financiero) la Generación Z en México es más crítica con
Claudia Sheinbaum. Por ejemplo, el 69 % reprueba los resultados en el combate contra la
inseguridad. Lo mismo ocurre con la corrupción.
Y entre los varios factores que podrían explicar esa apatía destacan su desconfianza en el
sistema electoral, su falta de identificación con los candidatos, las promesas incumplidas
de los políticos y hasta la desigualdad económica, sin olvidar que esos jóvenes tienen
múltiples identidades y formas de pensar, a grado que no distinguen entre izquierda y
derecha, ni entre formaciones partidistas.
Esos jóvenes que nacieron o crecieron en los 20 años en que el Movimiento al Socialismo
de Evo Morales gobernó Bolivia, le imprimieron la derrota en 2025.
Tal vez por ese nivel de abstencionismo la Estrategia Nacional de Educación Cívica del INE
2024-2025 ha identificado a los jóvenes como objetivo de educación cívica, con la
intención de contribuir al incremento de conocimientos, desarrollo de habilidades y
actitudes, y a través de la implementación de procesos formativos y del impulso de la
participación para consolidar una ciudadanía integral.

Los jóvenes desde siempre han sido vistos como un botín político y como un sector digno
de cooptación. Los fueron los participantes del movimiento estudiantil de 1968, entre
ellos Pablo Gómez, hoy metido en la reforma electoral; los del CEU de 1986, de donde
surgió la presidenta Claudia Sheinbaum y pasaron a formar el ala joven del PRD, así como
los del movimiento #Yosoy132, del cual varios de sus líderes militan en la 4T y su asesor
Genaro Lozano cobra como embajador en Italia. Hasta hoy los jóvenes y las familias de los
desaparecidos de Ayotzinapa han resultado resistentes a las tentaciones, más no así su
exabogado Vidulfo Rosales, quien pasó a asesorar al nuevo presidente de la Suprema
Corte Hugo Aguilar, mediatizador profesional del movimiento indígena.
Imponer la narrativa torciendo la realidad
En su libro “País de mentiras” la socióloga Sara Sefchovich escribió que en México el poder
solo lo es de verdad cuando se ha conseguido apoderarse de la palabra y de que en ese
afán terminan por enredarse. Algo así le pasó a la presidenta Claudia Sheinbaum y a sus
corifeos cuatroteros, incluyendo a Epigmenio Ibarra, que ante la andanada mediática en
las redes sociales y en la prensa internacional tras el homicidio del alcalde de Uruapan
Carlos Manzo y la represión en la marcha del 15N, terminó pagando un alto costo en
imagen y popularidad, ya de por en picada tras hacerse públicas los excesos de la clase
política morenista y temas de macro criminalidad como el huachicol fiscal, sus nexos con
los grupos criminales, el dinero sucio para las campañas políticas, los procesos electorales
amañados con cooptación de las autoridades electorales, asesinatos de alto impacto, el
militarismo y sus sonadas corruptelas y que resultaron imposible de sostenerse en base a
encuestas pagadas y cuchareadas en casas y medios afines al régimen de la 4T.
En 1968, Gustavo Díaz Ordaz, quiso tapar con discursos la matanza de Tlatelolco de la
mano del Batallón Olimpia y no pudo ni con toda la solidaridad desplegada en torno suyo
del priísmo de entonces, como tampoco pudo cubrir Luis Echeverría la matanza del Jueves
de Corpus del 10 de junio de 1971, cuando aparecieron los Halcones, ese grupo
paramilitar entrenado por el gobierno de la capital para reventar marchas estudiantiles,
antecesor de la Brigada Blanca de Miguel Nazar Haro encargada para combatir y
exterminar a la guerrilla y del Bloque Negro morenista, promovido y solapado desde los
sótanos de la Secretaría de Gobierno de la CDMX, indetectable para los sagaces servicios
de inteligencia de Omar García Harfuch.
Y esa forma de hacer política, negocios, infamias y traiciones “a la mexicana”, y que
encontraban en eso su más legítima justificación, de que hablaba el escritor José
Revueltas en su ensayo “México, una democracia bárbara”, fue copiado del más del rancio
priísmo y elevado exponencialmente por Gerardo Fernández Noroña y su casa en terreno
ejidal de 12 millones de pesos, el Clan de Andy López Beltrán, el Rey Midas Adán Augusto

López Hernández, el diputado Sergio Gutiérrez y su enjoyada esposa Dato Protegido,
Mario Delgado al involucrarse con Sergio Carmona, el Rey del huachicol, los 13 ranchos de
José Ramiro López Obrador y altos mandos de la Marina y del ejército al traficar
ilegalmente combustible con su secuela de muertitos.
Simbología y la izquierda
Carlos Bravo Regidor, autor del libro de entrevistas “Mar de dudas”, refiere que se habla
del surgimiento de nuevas derechas, pero no de nuevas izquierdas y que algunas de ellas
siguen anclada a símbolos del pasado como la Revolución Cubana, a la que el gobierno
cuatroteísta sigue subsidiando y defendiendo, como quedó claro con el retiro de las
estatuas de Fidel y El Ché, de una plaza , cuando estas figuras o la épica que las envolvía
poco o nada significan para las nuevas generaciones, como se vio claro en la elección de
Bolivia, en donde los nuevos electores crecidos durante los últimos veinte años de
gobierno del MAS de Evo Morales, votaron en su contra y en Chile la izquierda va una
segunda vuelta contra la ultraderecha, que en Argentina llegó al poder de la mano de
Javier Milei.
Ana Arendt sostenía que el más radical de los revolucionarios, al siguiente día del triunfo
de la revolución, se empieza a volver un conservador.
El debate de los últimos días propiciado a raíz del asesinato del alcalde de Uruapan Carlos
Manzo y la convocatoria de la Generación Z a la manifestación realizada el 15 de
noviembre, que terminó en represión, está dejando bastantes lecciones sobre la
arquitectura del poder en México y la naturaleza de la 4T y ha traído a la memoria la obra
“Reforma y revolución” de Rosa Luxemburgo de 1900 y el proceso de la vía electoral al
socialismo de Salvador Allende y los señalamientos de Fidel Castro a los sandinistas de
Daniel Ortega Saavedra, que de convertir al FSLN en partido político y de ir a elecciones
corrían el riesgo de perder el poder en la urnas, como sucedió ante Violeta Barrios de
Chamorro.
El inefable Fidel Velázquez, eterno líder de la CTM, en la gloria de su poder espetó:
“Llegamos al poder con las balas, no nos van a sacar con votos” y así fue cuando el
corporativismo priísta sigue intacto, como se vio en la última concentración en el Zócalo
con motivo del primer informe de gobierno de Claudia Sheinbaum.
La mayoría espuria con que gobierna Morena y que no obtuvo en las urnas, trajo a
colación la intención y la práctica de Salvador Allende en Chile en 1970 de aplicar el
programa de la Unidad Popular, habiendo recibido sólo 36% del voto en las elecciones
presidenciales y en las elecciones municipales de abril de 1971 la UP había obtenido más
del 50% del voto y sus apologistas invocaban que Allende nunca impuso por la fuerza su

programa, que nunca fue otro que el ofertado a los votantes en 1970 y de que su Pacto de
Garantías democráticas con la Democracia Cristiana, Allende había logrado el apoyo de
más de 60 % del electorado. Lo anterior no implicaba que gobernara solo para sus bases
electorales cuando el 64% había votado en contra de la vía al socialismo, como pretende
Morena en México al imponer su 4T a raja tabla, sin importar el sentir de una importante
mayoría, entre voto en contra y abstenciones, que no apoyó su proyecto político y
económico como se ha venido demostrando, cuando la imposición de un proyecto sin
respaldo de las mayorías solo puede imponerse por la fuerza como fue en las revoluciones
triunfantes como lo fueron la Rusa de 1917 con Lenin y los bolcheviques, la China de 1949
con el camarada Mao, la Cubana de 1959 con Fidel Castro, El Ché Guevara y Camilo
Cienfuegos bajo la bandera del Movimiento 26 de Julio y la Sandinista de 1979 con FSLN
(Frente Sandinista de Liberación Nacional) fundado por Carlos Fonseca, todas bajo la
conducción de organizaciones marxistasleninistas. En el caso salvadoreño, el FMLN (Frente
Farabundo Martí para la Liberación Nacional), al que pertenecíó Nayib Bukele, llegó al
poder por la vía electoral una vez negociados los acuerdos de paz entre esa guerrilla y el
gobierno.
Así, el dilema está entre reforma y revolución, como se le planteó a principios del siglo
pasado a Rosa Luxemburgo en Alemania previamente al ascenso de Hitler al poder de
donde fue expulsado tras la segunda guerra mundial y al final, en un corte de caja la Rusa
derivó en el atroz estalinismo y con la URSS disolviéndose; la China se transformó en un
capitalismo de Estado; la sandinista perdió el poder y núcleo dirigente terminó enfrentado
con Daniel Ortega, reeligiéndose indefinidamente; en el Salvador, el FMLN dejó el poder y
Bukele se erigió en el hombre fuerte del país y Cuba, luego de padecer escasez por el
Período Especial sobrevive a duras penas con apoyo, primero de la URSS, luego de
Venezuela con Hugo Chávez y ahora de México.
Chile padeció el golpe de estado de Augusto Pinochet en 1973 y luego de un retorno de la
izquierda al poder está ante el dilema de optar entre una candidata comunista y un
ultraderechista. Argentina luego ser gobernada por el peronismo en su versión kerchirista
los votantes se volcaron hacia una propuesta ultraderechista. En Brasil el PT de Luiz Inácio
Lula da Silva, perdió el poder ante la ultraderecha y regresó con una alianza más plural,
mientras en Bolivia el MAS de Evo Morales dejó el poder en manos del derechista Rodrigo
Paz.
Por eso la democracia es considerada como el sistema que permite contar las cabezas sin
romperlas, según cita Umberto Cerroni en su libro “Reglas y valores de la democracia”.
Entre procesar el conflicto y prohibir el disenso

Un gobierno apegado a los principios y valores democráticos es tolerante con el disenso y
recurre a mecanismos para procesar y resolver las diferencias y los conflictos, pero en
cambio un régimen que censura, persigue y descalifica a sus críticos porque son de un
partido diverso al oficial, son de cierta edad, se apellidan de una forma o tienen
actividades, gustos o negocios, no tarda en justificar la prohibición del disenso.
Robert A. Dahl en “Los dilemas del pluralismo democrático”, plantea la necesidad de
conciliar a los grupos de interés a efecto minimizar la coerción gubernamental en pro de
las libertades y el bienestar de todos y eso no lo están entendiendo los personeros y
corifeos cuatroteros.
El pueblo legítimo y el poder legítimo
Una mala gestión de los conflictos ha puesto contra la pared a la presidenta Claudia
Sheinbaum. Decir que el PAN, el PRI y el PRD, estuvieron detrás del megabloqueo
carretero de este lunes 24 de noviembre como lo señaló Rosa Icela Rodríguez, deja peor
parado al gobierno cuando según el discurso obradorista, la oposición está disminuida y
moralmente derrotada. O sea que anda como el Cid Campeador y con tal capacidad de
desquiciar al país, pues que se preocupe el oficialismo.
Como ha sostenido los que saben: la protesta interpela la legitimidad del poder, y en este
gobierno se cuestionó desde la Mañanera del Pueblo la legitimidad de la protesta en un
afán de dar su vobo a cual vale y cual no.
Si así fuera aún Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Francisco I.
Madero, Emiliano Zapata, Pancho Villa, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Plutarco
Elías Calles y toda su clika, estarían esperando para echar andar las gestas de la
Independencia y la Revolución. ¡De locos!!